Por: Danis Cueto*
Los hermanos Pépin en La liga de los filósofos fantásticos escriben: “¿Qué pasa con mi jeta? ¿Tengo monos en la cara? La respuesta de Levinas es única en su género en la historia de la filosofía. Mi jeta —mi rostro, más bien— es lo que obliga al otro, lo que hace que el otro sea responsable de mí”. Los lectores de Levinas han visto en el rostro y en el Otro dos de las significaciones más importantes de todo su fascinante sistema filosófico y no están tan equivocados. Creo, en cambio, que es la idea de responsabilidad, entendida como un “darse” al Otro, la significación más apasionante de todas las que pudo crear el filósofo lituano. “Darse” es asumir una responsabilidad que no hemos solicitado, es una desigualdad consigo mismo, es allí donde surge la alteridad. El Otro me gobierna, soy su esclavo, insistirá Levinas.
He asumido la responsabilidad de acompañar a Eduar, un joven estudiante del Doctorado en Filosofía de la Universidad Santo Tomás, en su viaje por la elaboración de su tesis doctoral. Enhorabuena, he descubierto que él tiene más para enseñarme que lo que tengo yo por enseñarle en todo este tránsito. Sin embargo, preocupado porque no tenía noticias de sus avances en la investigación que se propuso adelantar, le escribí la siguiente carta:
Ciudad Verde, Soacha, C/marca, 26 de julio de 2026
Querido Eduar:
Lo he notado ausente. Escribir es una de las cosas más difíciles a las que se ha enfrentado la humanidad, pero ello no significa que sea imposible. Su ensordecedora ausencia me motivó a escribirle esta carta, recurriendo a la misma estrategia que el poeta austriaco Rainer María Rilke utilizara, por allá en 1903, con Franz Xaver Kappus, un joven cadete militar quien le había pedido consejos sobre sus incipientes poemas. Esta estrategia epistolar vio la luz editorial en 1929 bajo el nombre: Cartas a un joven poeta.
Valiéndome del recurso escritural de Rilke, atípico, por demás, lo invito a que vuelva a retomar las sendas de su apasionante investigación doctoral, aventura que ha decidido abrir con la inquietante y provocadora pregunta: ¿Cuál es la idea de hospitalidad que yace en los sistemas filosóficos de Emmanuel Levinas y Jacque Derrida? Creo, apreciado Eduar, que la noción de hospitalidad, palabra que evoca las imágenes de recibimiento, acogimiento y extranjería, es el signo de encuentro entre Levinas y Derrida, acaso su mejor lector.
Aunque la génesis de la significación “hospitalidad” tenga orígenes distintos, entre Levinas y Derrida, no obstante, sus intenciones por la búsqueda de una ética distinta de la clásica, pues, como usted lo sabe, para el primero de ellos, su origen no es ni ontológico ni griego, en tanto que, para el segundo, es griego y lógico. Lo cierto es, mi querido doctorando, que en los zapatos de ambos filósofos se calzan, de manera metafórica, las imágenes del extranjero que requiere de la hospitalidad de quien le abre las puertas de su morada. Levinas como Derrida son extranjeros, tanto o más que el diaspórico Manuel Zapata Olivella. Este último, me parece, es el artilugio que su invención filosófica ha encontrado para hacer suya la idea de hospitalidad, así como la hicieron de ellos Levinas y Derrida. Mejor aún, su ingenio filosófico cree que el acogimiento es una de las tantas maneras a las que su natal Cartagena debe recurrir para superar la exclusión y la desigualdad atemporal.
De tal suerte, mi joven filósofo, me atrevo a sugerirle, con mucho respeto, que, para avanzar en su aventura investigativa, debe seguir la huella de la “hospitalidad” en Totalidad e infinito y De otro modo que ser o más allá de la esencia del bueno de Levinas; en las páginas de La hospitalidad y Adiós a Emmanuel Levinas del sorprendente Derrida y, en la lectura de Tierra mojada y Chambacú, corral de negros del inolvidable Zapata Olivella.
La lectura de estos textos, por ahora, mi buen amigo, le va a ayudar a estructurar de manera profunda, coherentemente con su nivel de formación, su proyecto de investigación. Aprendí de Levinas la necesidad de salir del Ser, de ir más allá de donde llegó Heidegger en esta aventura. Ir más allá es una locución que indica no solo la salida de sí mismo, sino que abre la puerta de nuestras casas al extranjero, necesitado por demás de abrigo, de un plato de comida caliente y de una conversación cálida en la penumbra, alrededor de una vela.
También aprendí de Marcel Proust en Sobre la lectura que otra manera de salir de sí es a través del acto de leer. Al leer, dice Proust, los seres humanos nos liberamos de nosotros mismos y aprendemos lo que significa ser otra persona, ¿acaso un modo de ser o un ser de otro modo? Me da pena, además, sugerirle que siga la huella, bajo esta noche impetuosa, la incidencia de Albert Camus, otro extranjero, en las obras filosóficas de Levinas y Derrida.
En la próxima epístola, querido Eduar, le escribiré sobre la destrucción y deconstrucción, métodos de nuestros filósofos, los que le han de servir para ampliar su problema filosófico. Reciba, por favor, esta carta sin ninguna pretensión, pues no tiene otra intención que la de avivar sus fuerzas para que continúe con su labor de filósofo sorprendido. Mis ojos, también sorprendidos, escucharán con responsabilidad irrecusable lo que a bien tenga que decirme, mientras que mis oídos tendrán que ver y leer con pasión febril lo que usted necesita escribir.
No olvide que “leemos para saber que no estamos solos”, como creía C.S. Lewis.
Atentamente,
Danis Cueto
La respuesta no se hizo esperar:
Estimado amigo, Danis. Mi saludo más cariñoso para Ud. Me llegan al corazón y a la mente sus palabras… Quiero que sepa que mi ausencia ha sido parcial. Después de la semana en la que debí reenviarle el documento, no alcancé a tenerlo listo; luego llegaron las vacaciones y no quise incomodarle. He estado estructurando lo que Ud. me pidió y, al finalizar esta semana, le envío el Word con los compromisos.
Le comento que ya vamos a iniciar el semestre y en este caso corresponde presentar el coloquio de proyecto. Tengo y tendré muy en cuenta cada palabra de Ud. También le ratifico mi compromiso total y, bueno, lo molestaré cada semana.
Con cariño y admiración
Eduar P.
*Docente del colegio Alfonso Reyes Echandía
