Fútbol en el ARE, una pasión que desborda las canchas

Por: Samuel Pedraza*, corresponsal La Mochila, revista educativa.

El Colegio Alfonso Reyes Echandía se abastece de numerables canchas de fútbol en sus instalaciones, siendo este el deporte más popular y practicado de nuestro país. Esto a su vez explica el hecho de que, durante los descansos, a todas estas canchas se les dé un arduo uso, llegando al punto en que incluso las canchas de baloncesto son frecuentemente usadas para jugar fútbol.

Dado que  nuestra institución alberga un gran número de estudiantes, es común que muchos aficionados al fútbol se queden sin un espacio para jugar. Sin embargo, gracias al ingenio y la creatividad, han conseguido adaptarse a las circunstancias con el fin de practicar su deporte favorito. De esta manera, se han apropiado de zonas no destinadas originalmente para el fútbol, como el pequeño prado trasero o el área delantera, justo frente a las banderas.

En este texto nos centraremos en este último espacio, ya que plantea un dilema importante. Y es que en principio esta área fue diseñada para el tránsito de personas, al estar pavimentada y ser el punto central del patio del colegio. Es una zona de paso hacia la tienda, la rampa o los salones, por lo que debería mantenerse libre para facilitar la movilidad de los estudiantes.

El uso de este espacio para jugar fútbol genera conflictos. Por un lado, representa un riesgo para los transeúntes, ya que una pelota en movimiento causaría un accidente, algo que incluso el autor de este texto ha presenciado y lamentablemente ha provocado. Mientras que, la presencia constante de personas desarrollando una caminata interfiere en el desarrollo del juego, dificultando pases, provocando confusiones e impidiendo goles casi asegurados. Además, los jugadores se ven obligados a moderar su intensidad para evitar lastimar a alguien, lo que afecta su experiencia.

En definitiva, esta práctica resulta poco segura, tanto para los transeúntes como para los propios jugadores, al punto que ninguno puede emplear su descanso de una manera completa. Sin embargo, desde el punto de vista adecuado, cualquiera podría convencerse de una respuesta aparentemente obvia, pero hay que ver más allá de nuestra propia posición y preguntarnos ¿Deberíamos prohibir que los niños jueguen en este lugar cuando probablemente no tienen otro espacio para practicar su pasión y cuando realmente solo son víctimas de la insuficiencia de canchas? 

*Estudiante del Colegio Alfonso Reyes Echandía IED.

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