Todo joven debe empuñar un libro

Por Ciro Iriarte Coley*

Me pregunto, delante de mis estudiantes de 11° grado de la Institución Educativa de Galeras, Sucre: ¿En qué momento nos perdimos? Entonces, les digo: A la edad de ustedes yo me había devorado casi por completo la obra de Neruda, buena parte de los textos de García Márquez, aparte los que debíamos leer como exigencia académica en el colegio,  dentro de los que se destacan: la Odisea y la Ilíada de Homero, El castillo y la Metamorfosis de Kafka, El Popol Vuh, El alferez Real, La María, La Rebelión de las ratas, El Principito, Ivan Hoe, La Celestina, Edipo Rey, Las Aventuras de Tom Sawyer, Robinson Crusoe, entre otros, que había que leer no en resúmenes, sino completos y hacerles su respectivo análisis y debate. Y claro que me quedaba tiempo para jugar béisbol, basquetbol y voleibol, “pues en el fútbol era más malo que el arroz que da cucayo en la tapa”, según me decían.  También, me quedaba tiempo para la novia y las eternas conversaciones con mis amigos de la cuadra. Esperaba con ansias, como quien espera a la persona amada, cada libro pedido que pedía a domicilio a Círculo de Lectores. ¿En qué momento nos perdimos como humanidad sensible, como seres que nacieron producto de un acto de amor? ¿En qué instante nos perdimos para ser arrastrados en esta espiral de violencia? Todo joven debe empuñar un libro, la mejor arma para disparar en contra de la guerra.

*Maestro de Educación Artística y Cultural de la Institución Educativa de Galeras, Sucre.

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