Por: Sergio David Cabrera*
El papel de la tecnología ha sido un factor clave en el desarrollo de infinidad de aparatos que nos facilitan la vida en todos los aspectos; bicicletas eléctricas, escúteres, escaleras y bandas transportadoras, entre tantos otros elementos que nos hacen más cómoda la vida, sin embargo, nos alejan de algo muy importante para el ser humano, el movimiento y la actividad física. El sedentarismo, que se nos presenta como el mayor reto de la sociedad, no es un problema local sino mundial. La falta de actividad física es la puerta de entrada al sobrepeso, la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y otros tantos padecimientos de los individuos de estos tiempos.
Es aquí donde la educación física tiene su principal desafío, convencer y concienciar al estudiante sobre la práctica constante de actividades deportivas, y darle las bases tanto corporales como mentales para que como ciudadanos no pierdan sus buenos hábitos tan pronto como salgan del colegio al graduarse. No es un trabajo fácil, de hecho, se está perdiendo la batalla, las cifras de sobrepeso y las enfermedades metabólicas asociadas a la falta de actividad física son alarmantes; por ende, el que los educadores físicos seamos actores realmente influyentes, debe ser una prioridad en las universidades formadoras de docentes con el apoyo de los municipios, entes territoriales e instituciones del país.
Durante décadas la educación física ha sido vista como una asignatura de menor importancia, algunos colegas docentes y directivos hablan tras bambalinas de materias de “relleno” y casi siempre basándose en que los exámenes de estado y sus pruebas SABER evalúan solamente las asignaturas “importantes”, efectivamente la educación física no se evalúa allí. El asunto no es que se cuente dentro de estas asignaturas evaluadas; el verdadero asunto es que la vida real, y la sociedad en general, son las que están evaluando. Y es que los niveles de sedentarismo y de actividad física tan bajos en nuestra sociedad, son una muestra clara de que la educación tiene falencias significativas a la hora de que las personas reconozcan y asuman comportamientos saludables.
Los últimos reportes del ministerio de salud del país arrojan que el 18,7% de los adultos presentan obesidad y que el 37,7% sobrepeso, lo que nos indica que más de la mitad de nuestros ciudadanos están por encima de los límites saludables. Tendencia preocupante para la salud pública, y alarma más que inquietante para poner en marcha políticas y estrategias que reversen pronto esta situación.
¿Pero dónde se está fallando? ¿Cuál es el punto de quiebre de las políticas actuales? Seguramente la respuesta misma es motivo para un estudio concreto, también es cierto que quienes trabajamos en los patios deportivos de los colegios vemos que esa tendencia no es tan alta en nuestros estudiantes adolescentes, de hecho, basado en los controles antropométricos realizados en el IED ALFONSO REYES ECHANDÍA, junto con el equipo de educación física de la institución en los años anteriores, y en los que me corresponde hacer ahora en la institución POLICARPA SALAVARRIETA del municipio de Quimbaya, Quindío. Puedo asegurar que la tendencia en esas edades es baja, comparada con la presentada en los adultos del país, no obstante, hay algunos casos de obesidad infantil, que son tratados con los padres de familia directamente y que buscan cuidar la salud de los niños y adolescentes de las instituciones.
Si la tendencia en el país es la que vemos en nuestras instituciones, debemos encontrar los ejes principales por los que gira el problema. Mi hipótesis es que mucha de la actividad física de los estudiantes gira en torno a los deportes, sobre todo los de equipo. Somos fieles testigos de lo que valen el futsal, el voleibol o el baloncesto en los descansos escolares. Sabemos que los estudiantes pertenecen en un alto número a clubes y escuelas deportivas, en mi caso, viví en ese ambiente todo mi bachillerato y pude ver cómo muchos de mis compañeros de equipo, tan solo fueron abandonando la práctica de actividades físicas al llegar sus responsabilidades laborales y académicas en las universidades, en mi caso tal vez lo que me salvó fue la carrera que tomé como opción de vida.
Justamente, aquí es donde veo el problema, la actividad física no puede estar limitada a los deportistas, a los profesores y entrenadores (aunque siempre hay malos ejemplos incluso en nuestro gremio), la actividad física debe ser interiorizada por cada ser humano que tenga la capacidad de moverse, adultos mayores, adultos, jóvenes y niños, no debe estar pensada como algo fundamental del colegio, sino como algo esencial de la vida misma. Aquí es importante hacer una diferenciación, el deporte es una actividad reglamentada, con federaciones y clubes y aunque puede ser eficaz para adherir personas a realizar actividad física, no puede ser considerado como la única opción para realizarla, de hecho, en muchas ocasiones conlleva lesiones que dificultan la práctica de actividades de mantenimiento y salud.
El reto es grande para los educadores físicos, los entes encargados del deporte y la actividad física en los municipios y para el propio gobierno nacional, es primordial hacer crecer el deporte, pero mucho, muchísimo más importante es incrementar los niveles de actividad física de la población en general, no en etapas de la vida, sino como hábitos de la misma, algo que acerque realmente a la sociedad a ese proyecto que vemos año a año en los colegios, el famoso proyecto de hábitos de vida saludables y de aprovechamiento del tiempo libre. Es verdad que hay otros factores asociados como el consumo de azúcar, la mala alimentación, el alcohol y el uso de sustancias psicoactivas. El ejercicio tristemente se convirtió en la píldora que los médicos recetan y que la mayoría de gente deja relegada a un segundo plano.
*Profesor de educación física en la Institución educativa Policarpa Salavarrieta, Quimbaya, Quindío.
