Música en el cuerpo y fiesta en los ojos: el Futsal

Por: La Mochila, revista educativa

 ¿En qué se parece el fútbol a Dios?  pregunta Eduardo Galeano en Fútbol a sol y sombra: “En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”, dice. El desprecio de los intelectuales por el fútbol contrasta con la idolatría por el balón que sienten las masas. Galeano (1995), recuerda que en la Londres de 1880 el escritor británico Rudyard Kipling para mofarse del fútbol dijo: “las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan” (p.9). También cuenta que el mismo día que la selección argentina jugaba su primer partido en el Mundial de 1978, Jorge Luis Borges dictaba a la misma hora en Buenos Aires una conferencia sobre la inmortalidad. García Márquez escribe en El juramento, una columna publicada en junio de 1950 en el Heraldo de Barranquilla, que no perdió el sentido del ridículo para convertirse en hincha hasta ese día.

El día que conocí a Wilber Peña Sabogal el “flaco”, recordé entonces que desde siempre he compartido con Eduardo Galeano la idea de que me gano la vida con las manos y que otros hacen con sus piernas lo que yo nuca podré hacer: patear un balón para granjearme el pan de todos los días. Y es que la apariencia física de Wilber Peña me hizo cruzar las aduanas del tiempo para recordar al doctor Heleno de Freitas, la estrella del fútbol brasilero que se vistió con los colores rojo y blanco del equipo de mis amores tan solo algunos meses del año 1950.

Como el doctor Heleno, el “flaco”  es escuálido, de rostro alargado, nariz aguzada, ojos de avellanas y mirada penetrante y, como él, también era una estrella que brillaba con luz propia en el fútbol sala bogotano.

El “flaco” llegó a Bosa, San Diego, hace más de tres lustros. Venía cargando sobre sus hombros la cruz de las amenazas que un peligroso habitante de Ciudadela Sucre, un deprimido barrio de Soacha, le había hecho en medio de un partido de fútbol. Desde entonces su madre, Marina Sabogal, le insistía para que no siguiera jugando al fútbol. Pero el “flaco” es un devoto y un ferviente creyente de esa religión que es el fútbol, y estaban muy lejos de cumplirse las plegarias de su “mamita”. Cursó y aprobó los dos últimos años de su Educación Media en la institución educativa distrital Alfonso Reyes Echandía. En 2010 obtuvo el título de bachiller.

En su colegio conoció la pasión fresca de su maestro de Música, Oscar Gálvez y el amor por la Educación Física de Yenni Rodríguez, su maestra de esta disciplina. “Algún día quiero ser como ellos”, dijo hundido en sus recuerdos. Con los años, estudió una licenciatura en Educación Física en la Universidad Pedagógica Nacional y, actualmente, cursa una maestría en Ciencias del deporte y de la actividad física en el mismo lugar. Heleno de Freitas también fue profesional: abogado. De allí el remoquete de “doctor”.

“Al fútbol sala le debo todo”, dice con un brillo celeste en sus ojos. Ha recorrido muchos lugares del país pateando balones, incluso, jugó por un tiempo en Cerdeña, Italia, ese deporte único que Galeano describe como “música en el cuerpo y fiesta en los ojos”. Wilber Peña nació para jugar el Futsal y aunque ya tiene 32 años, sigue maravillando a los aficionados de este deporte como lo hizo el doctor Heleno de Freitas en su debut ante el Atlético Bucaramanga, del que Andrés Salcedo en El día en que el fútbol murió dice: “Electrizó a la grada con su toque magistral y sus impresionantes remates con ambas piernas y sobre todo, con la cabeza. Cuatro de los cinco goles del Junior fueron obra suya (2011, p. 62).

No hay fin de semana que el “flaco” no esté dándole puntapié a la pelota y, por lo tanto, no pueda disfrutar con Dilan Steven y Dereck Mateo, sus pequeños de nueve años y siete meses, respectivamente. Cuando le pregunté por un futbolista que le hubiera servido como inspiración: “John Jairo Pinilla, mi maestro, mi mentor y mi entrenador”, dijo sin titubeos y vi en su rostro la misma expresión tierna que describió su cara cuando recordó a sus maestros del colegio, Óscar y Yenni. John Jairo Pinilla fue considerado en su momento el mejor jugador del mundo de Futsal, como también en el suyo, lo fue el doctor Heleno de Freitas, cuyo sentido del cálculo, sus reposados movimientos de investigador de novela policiaca y sus desenlaces rápidos y sorpresivos hizo que García Márquez jurara, en junio de 1950, su amor eterno por el Junior de Barranquilla (1981).

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