Érase una vez en el Mundo de Pitufilandia, en el que había un hermoso colegio llamado Enrique Olaya Herrera. Allí estudiaban los niños más “pilos” del mundo.
Un día les tocó llevar un pincel y dos limones para hacer un experimento que los dejó asombrados. Partieron en dos partes los limones, los exprimieron hasta sacarles todo el jugo y luego escribieron, con sus pinceles mojados con el jugo, en una hoja de papel blanco, un mensaje. Nadie pudo ver lo que los otros escribieron, porque las letras eran invisibles.
Después, el “profe” Julio, prendió una vela y pasó muy cerca de la llama las hojas blancas de los niños. Todos pensaron que las iba a quemar, pero no fue así. Las letras dejaron de ser invisibles y así todos descubrieron sus mensajes secretos.
*Estudiante de Tercer Grado del Colegio Enrique Olaya Herrera, IED. Tiene ocho años.
