Más allá del gol

Por: Heidy Nieto

En este barrio existen dos tipos de personas:  las que deciden continuar estudiando para lograr una carrera, y otras como Sebastián, quien confiaba y sabía que iba a ser el mejor en eso que tanto le apasionaba: el fútbol. Desde que entraba a la escuela hasta que se escondían los rayos del sol, lo podían ver jugando detrás de una simple pelota, con la satisfacción y tranquilidad que le traía aquel deporte.

Inscrito en los torneos de su colegio, con sus amigos por las tardes o hasta solo en su cuarto, siempre con un balón. Así fueron los siguientes años, se graduó y formó un equipo con sus compañeros donde todos los fines de semana salían a distraerse y divertirse un rato. Hasta que en su trabajo uno de ellos le habló de un torneo donde jugaban muchos equipos de Colombia y competían por un viaje para ser representados en Europa compitiendo contra los mejores del continente. Decidieron inscribirse y le asignaron un equipo. Cada partido que jugaban era un triunfo asegurado, no tenían competencia, eran los mejores del torneo. Lograron conseguir el viaje, ahora solo les quedaba vencer a los equipos europeos más fuertes. Era un sueño, pero no algo imposible.

 En su tercer partido, luego de las derrotas contra Francia y Alemania, estaban obligados a ganar o de otra manera quedaban descalificados. Llegó el día donde se decidía quién iba a ser el vencedor y afortunado en llegar a la final y conseguir ese gran premio, motivados a ganar lograron dejar el marcador en un 2-2 en el minuto 70, el tiempo avanzaba, cuando finalmente llegó el minuto 90, un tiro de esquina iba a definir todo lo que sucedería de ahí en adelante para la vida de este jugador. Sebastián saltó para cabecear la pelota, pero al hacerlo recibió un golpe en su cuello que lo dejó inconsciente, al despertar descubrió que había pasado 8 meses en coma, desde ese último partido en el que ese golpe tan exacto lo hizo quedar parapléjico, dejando a un lado su sueño de hacer magia con los pies, pues no podría volver a tocar ni a sentir lo que más le daba felicidad, un balón, que pasó de ser su libertad y único lugar donde escapaba de todo lo que le atormentaba a ser motivo de su desdicha.

Después de pasar por la tristeza, la angustia, el miedo y la frustración, Sebastián decidió que ahí no acabaría todo, que él podría llegar a estar cerca de su pasión a pesar de lo que le sucedió. Que esta experiencia no quedaría registrada como algo negativo, sino como aprendizaje y propósito para continuar. No podría ser el pateador de esa pelota, pero quiso ser el medio por el cual muchos más sintieran lo que algún día pudo sentir él. Decidió abrir una escuela de fútbol para niños con discapacidades físicas y sensoriales con balones sonoros adaptados para ciegos, una cancha con jugadores en muletas y otros en silla de ruedas, siempre demostrando todo el talento que tienen. 

Sebastián nunca se alejó de lo que más amaba ni tomó su experiencia como un obstáculo, al contrario, la usó para cambiar la vista por el tacto, los pies por un par de muletas y la limitación, por la pasión.

* Estudiante de grado undécimo del Colegio Alfonso Reyes Echandía.

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